Y a mí, (y se confirma que a otros también), que esta portada me parece lamentable, como mujer que soy, claro.
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Pistas para un cambio
Y a mí, (y se confirma que a otros también), que esta portada me parece lamentable, como mujer que soy, claro.
Publicado en Digresiones
Llegué a la redacción sin saber lo que me esperaba. Nada más cruzar la puerta el redactor jefe me tenía preparado un mandato imposible: Gonzalo, no te quites el abrigo que te vas a entrevistar a José Luis Rodríguez. Faltaban 8 años para que supiéramos que había alguien del mismo nombre llamado Zapatero, así que mi pregunta retórica sólo tenía una escapatoria: ¿El Puma?
Mi carrera como periodista en activo había comenzado hacía unos meses y lo había hecho en esa pequeña revista-suplemento para periódicos de provincias. Era un lugar pequeñito y luminoso en pleno Paseo de la Castellana, cerca de Plaza de Castilla y no, no había un servicio de documentación. Mejor dicho, sí. Consistía en una cincuentena de cajitas verdes donde se archivaban cientos de fichas que alguien (creo que el fotógrafo) iba rellenando con algunas referencias sobre entrevistas publicadas y el número en el que aparecían. Uno podía buscar el personaje en cuestión y, si tenía suerte, aparecía una ficha con el número del ejemplar y, si tenía suerte, aparecía el ejemplar en la habitación de al lado donde dormían las revistas el sueño de los justos. En esta ocasión, no había ni una palabra sobre “El Puma”.
Tímidamente me acerqué a mi jefe y le expliqué un tanto avergonzado (pena de sentimiento ya perdido) que yo, en fin, del ínclito cantante venezolano, pues como que no sabía nada. Se apiadó y me lanzó dos o tres lugares comunes y otras dos pinceladas de su cosecha, más o menos fantasiosas y con ese fabuloso material preparé en el taxi la entrevista, que es la misma que podría haberle hecho al propio taxista o al director general de Caminos, Canales y Puertos de la muy bella ciudad de Barranquilla. Llegué al hotel, conocí a ese hombre encantador, le entrevisté y me fui sin que nadie me insultara, ni por fuera, ni por dentro, (algo de lo que estoy seguro pues tengo un instinto especial para saber cuando se cagan en mi padre por dentro).
La entrevista no pasará a la historia y este post tampoco. Pero me gustaría acabar con una línea que nos haga reflexionar a los que trabajamos en esto del periodismo. La línea es esta:
Resultados 1 – 10 de aproximadamente 136.000 de “josé luis rodríguez el puma”. (0,41 segundos)
Y ahora me gustaría acabar con otra línea, como dirían los clásicos, también “para el debate”:
Con el corazón en la mano. Del año 92 para acá, (año del gran encuentro Puma-Téubal) ¿Uds han notado que el periodismo haya mejorado algo, a pesar de la wikipedia?
Publicado en Batallitas
Etiquetado el puma, periodismo 1.0, problemas del periodismo
Sé que hay polémica sobre este tema y que en diversos lugares y depende de a quién se escuche se pueden leer cosas tanto positivas como negativas, (lo normal en toda polémica que se precie), pero me parece que hay algo que no se comenta lo suficiente cuando se trata de criticar la integración.
Pensemos en el futuro más o menos inmediato, digamos entre 5 y 10 años (ya sabemos que todo es relativo pero déjenme que esa sea mi idea de futuro inmediato)… bien ¿ya estamos ahí? Los bancos nacionalizados, el vinilo ha vuelto y el cd ha desaparecido, Gran Hermano 153 acaba de comenzar y Verónica Santander presenta los telediarios. Las cosas han cambiado, (¿o no tanto?) Una cosa sabemos y es que la información en papel sigue existiendo en ese 2015-2020 pero la proporción con respecto a la que se consume por internet ha pasado de 80-20 a 20-80. Bueno, no es exactamente un Farenheit 451 como algunos quieren pero es un vuelco importante… (Nota: cuando escribía este post fue lanzado este vídeo -del que alguien con humor y tiempo podría hacer una parodia divertidísima- y que trata precisamente de cómo imaginamos el futuro. Asombrosamente, los mismos que quieren quemar los periódicos de papel creen que el papel no va a desaparecer y curiosamente son los mismos que están en contra de la integración de las redacciones… así que el vídeo en cuestión es miel sobre hojuelas para este ejemplo.)
Ahora me gustaría que se situaran en un despacho de un departamento de Recursos Humanos durante la selección de personal para un medio que tiene los dos soportes, papel e internet. Están pensando en aumentar la plantilla porque las cosas han ido bien el último año (Krugman mediante) y buscan perfiles periodísticos para la redacción. Ah se me olvidaba, recuerden que para jugar tienen que situarse en el año 2015. O sea, todos los periodistas que han salido de la facultad están de internet puestos hasta las orejas. Alguno lee algo en papel y lo conocen claro pero es sólo un grupo pequeño.
Adivinen en menos de 5 segundos las dos opciones que elegirían los despreciables y despiadados (modo irónico) ávidos de sangre humana fresca e inexperta, miembros del dpto. de RRHH.
a) Harían dos grupos de perfiles: los periodistas aptos para trabajar en internet y los que sólo trabajarían en el papel. Es decir, buscarían dos tipos de periodistas para dos tipos de trabajo diferentes… o
b) Buscarían periodistas que fueran versátiles, que pudieran trabajar en ambos soportes sin prejuicios y que escribieran con soltura en ambas cabeceras. Chicos que estuvieran interesados en hacer periodismo sin importarles dónde y que fueran lo suficientemente moldeables como para pasar del papel a internet en el momento en que las necesidades de la producción así lo exigieran.
Señor juez, no hay más preguntas…
Publicado en Claves
Etiquetado dixired, el futuro, integración, internet, lainformacion.com, periodismo, periodistas, Ray Bradbury, redacciones, Verónica Santander
Algunos comentarios y reflexiones de lectores han hecho que me detuviera unos minutos antes de seguir analizando el futuro de la prensa. Sé que no es mi propósito aquí hacer digresiones, pero se me ha llamado optimista o utópico cuando planteaba mis propuestas, así que he supuesto que algo debía de estar explicando mal.
Para corregir el tiro voy a ser un poco cínico y haré constar lo siguiente: que el mundo sepa que, ante todo, lo que yo quiero es ganar dinero. Ganar dinero y arrasar: convertirme en el gran gurú de internet y que las mujeres me admiren y los hombres me respeten… y bueno sí, luego poderme retirar a una casita con chimenea con mi mujer y mis hijos a escribir de lo que me dé la gana. Pero para eso hay que dar con la tecla. Y ahí sí; ahí me convierto en, utilizando la terminología que se me ha aplicado, un utópico y un optimista. Por una razón sobre todo: creo que son las cosas que funcionan, o sea las que me harán rico y famoso (aclaro por no perder el tino).
En algún lugar alguien debió de escribir algún día algo como que era fundamental el estudio de las humanidades también para triunfar en la empresa y estoy convencido de que también le llamaron optimista. Seguro que hubo alguien por ahí tan loco como para afirmar que las madres eran buenos fichajes para un negocio y no un lastre como siempre se supuso, y también le tacharon de utópico. Pero… no se arredraron y expresaron su opinión y quizá triunfaron con ella.
Probablemente porque creían, como yo, que por causas aún desconocidas pero afortunadísimas, resulta que la bajeza de miras es un mal negocio y que tratar bien a tus empleados, confiar en ellos, aprovechar sus potencialidades, fomentar su creatividad es uno de los buenos.
Otra cosa es cómo hacerle ver eso a la gente que gestiona las empresas. Éso sí que es una utopía. No las propuestas. Las propuestas son válidas y funcionan en otros lados.
Quizá sólo hay que actuar… “sin esperanza, con convencimiento”.
Publicado en Claves, Digresiones
Uno de los grandes problemas con el que se van a encontrar los gestores de las empresas que quieran integrar redacción web y redacción papel es la resistencia al cambio por parte de los periodistas 1.0. No creo estar muy lejos de acertar si digo que sería probablemente “el gran problema”.
En general los cambios suelen asustar a la gente. Es lógico. No me voy a poner aquí a hablar de este hecho psico-fisiológico en el ser humano. Ya hay otros que lo hacen mejor y con más fundamento. Y aunque a mí me extrañe mucho que alguien se ponga a despotricar contra la máquina que, de hecho, le hace más fácil su trabajo, no voy a moralizar sobre el tema porque aunque sí sospechas, no tengo pruebas de que mis colegas estén sistemáticamente en contra de los cambios. Al menos no más de lo que están otros profesionales; y como tengo una irrefrenable tendencia a ceñirme invariablemente a los hechos no voy, decía, a hacer especulaciones.
Convengamos simplemente que al periodista no le gustan los cambios. Tiene su mundo perfectamente delimitado. Todas sus herramientas conocidas, agarrados al maquinazo como dice la Poniatowska y perfectamente ajustadas las coordenadas para ir a piñón fijo. No mal. Digo a piñón fijo. Y si ya te está yendo bien así, para qué cambiar.
Pero hete aquí que sí. Que hay que cambiar. Que de repente vienen unos chavalitos con las historias estas de internet, los blogs, twitter, facebook… Y al principio son un grupito que está ahí en un rincón de la redacción y que piden cosas muy raras. Como que les des información ipso facto, cuando a ti todavía te quedan varias horas para el cierre o hasta las 14.00 no entras en antena.
Al principio incluso te hacen gracia esos chavales porque los tuviste de becarios en tu sección. Pero luego te empiezan a inflar las pelotas porque las órdenes vienen de arriba: hay que hacerles caso, o sea, piensas que tienes que trabajar más o, simplemente, cambiar tu rutina. Y no siempre es una cuestión de pereza, que también, sino de pura xenofobia. Te toca las narices que tu paisaje cambie.
Y ahí empieza el lío, o parte de él. Porque no es que haya cambiado el paisaje. Es que o los marcianos han invadido la tierra o tú mismo ya estás en otro planeta. Y sin escafandra.
(Continuará)
Publicado en Claves
Etiquetado Claves, pereza, periodistas, poniatowska, resistencia al cambio
Hace unos meses me encontré sin darme cuenta con una razón para escribir. Lo vi claro sentado en una mesa tomando un café con un chico de internet de pura cepa. Un desarrollador español de una empresa joven y puntera de éxito comprobado y que además no tenía ningún miedo en hablar de cómo veía el futuro.
Después de una reunión en la que un grupo de los nuestros le frió a preguntas y tratamos de comprobar si podíamos colaborar de alguna manera, nos quedamos los dos tomando ese café en el que relajados y sin prisas pudimos hablar de todo un poco.
Me encantó su manera de apasionarse por el trabajo sin parecer un friqui, por la confianza que mostraba hacia las nuevas tecnologías sin sentir una devoción ridícula y por su franqueza a la hora de encarar la realidad con humildad pero con empuje.
Yo le escuchaba con mucha atención, sobre todo para aprender, por eso me sorprendió cuando quiso saber de mis andanzas. Le conté de aquí y de allá y acabé diciendo una de esas frases medio hechas, medio prestadas que son en parte metáfora y en parte pedernal puro: “No, si podría escribir un libro sobre mis experiencias en el paso de los periodistas del medio tradicional al digital”, a lo que mi compañero de café respondió: “Yo lo compraría desde luego”.
Juro que fue sincero. O me lo pareció al menos. Y además yo me lo creí a pies juntillas y con eso basta. Ése día pensé que podría quizá tener algo que decir y que podría además interesar a alguien. Así que en parte por esa conversación y en parte por los acontecimientos de los últimos días estoy aquí ahora escribiendo de noche este post explicativo sobre algo de lo que nadie me ha pedido explicaciones. (¿O sí?).
En cuanto a por qué tú estás aquí, querido lector, permíteme decir que no tengo ni la más remota idea. Quizá tengas una curiosidad infinita por este mundo de internet, quizá te llame más la atención el de la prensa, siempre tan mediático (perdón por el chiste fácil), quizás seas un estudiante (huye) o un profesor (huye más), o quizás estés en este lío y quieras saber qué narices cuenta éste si no sabe de lo que habla…
En cualquiera de los casos, gracias por haber llegado hasta aquí.
Por mi parte prometo contar con honradez y el rigor que pueda lo que yo he vivido de este cambio tan paradigmático en los medios, lo que estoy viviendo y lo que me queda…
Publicado en Introducción
Etiquetado avanzia, escribir, Introducción, libros, periodismo, prisacom
No hay mucho que pensar. Cuando uno vive días así parece que está llamado a hacer algo también. Como si del fondo de uno mismo sonara el timbre del fin del recreo. Un aviso que le pone a uno frente al trampolín mientras el cocodrilo da vueltas ahí abajo con su tic-tac simpático y terrorífico al mismo tiempo.
Porque lo del martes fue demasiado… porque si uno vive días así y se es como se es y se está donde se está, quedarse callado parece un escaqueo en toda regla. Como si el bombero se acordara justo al declararse el fuego que en realidad lo suyo es la jardinería.
Seamos serios. El martes presencié dos hechos históricos, yo soy periodista y esto es un blog… y con eso está dicho todo.