Decálogo para una nueva redacción

La idea es integrar dos redacciones en una. La idea es buenísima y necesaria y sólo tiene un problema: es titánica.

Por un lado tenemos a unos redactores 1.0 cabreados: los nativos digitales han venido a invadir su plácido mundo. Y por otro lado tenemos a otro grupo de redactores, esta vez 2.0, también cabreados: se sienten de segunda clase. Todo el mundo está cabreado en principio. Unos asustados además porque ven peligrar cosas como sus puestos de trabajo y otros impotentes porque saben qué quieren hacer pero no les dejan. Cabreados, asustados, impotentes… menudo panorama.

¿Qué hacer? Desde esta poltrona uno sólo puede aportar visiones y experiencia, así que, por si a alguien le sirve, regalo una serie de recomendaciones en un listado (si me saliera un decálogo sería la leche), de esos que están de moda por aquí. De nada.

  1. Olvídense de etiquetas. Ni 1.0, ni 2.0; ni digital ni papel, lisa y llanamente periodistas.
  2. Intenten hacer comprender a todos que no se trata de trabajar más, sino diferente.
  3. Pongan como prioridad cursos de formación. Para los no nativos cursos de nuevas tecnologías, y para los nativos cursos de periodismo de calle, de edición, de ortografía, de cómo ganarse a las fuentes… Y alegren esa cara. No les costará un duro porque los cursos se lo darán unos a otros. (De nada otra vez)
  4. No hagan guetos en la redacción. Todos juntos. Todos van a hacer lo mismo. Insisto: periodismo.
  5. No planteen cuestiones como quién escribe para el papel, quién para la edición digital. Todos para todo. Y que además no se duerman, que cambien de medio a menudo. Será divertido.
  6. Estudien desde ya qué tipo de informaciones deberían ir en papel y cuáles no. Esto puede ser lo más difícil. Pero la buena noticia es que nadie lo tiene claro, así que prueben…
  7. Potencien la información propia y no sobrevaloren la última hora. El contenido es lo que les hará diferentes.
  8. Ponderen siempre si las nuevas formas de periodismo son interesantes por sí mismas, no por ser nuevas.
  9. Recuerden que internet es un gran invento, pero el papel también.
  10. ¿He dicho ya que se dediquen todos a hacer periodismo?

La resistencia

Uno de los grandes problemas con el que se van a encontrar los gestores de las empresas que quieran integrar redacción web y redacción papel es la resistencia al cambio por parte de los periodistas 1.0. No creo estar muy lejos de acertar si digo que sería probablemente «el gran problema».

En general los cambios suelen asustar a la gente. Es lógico. No me voy a poner aquí a hablar de este hecho psico-fisiológico en el ser humano. Ya hay otros que lo hacen mejor y con más fundamento. Y aunque a mí me extrañe mucho que alguien se ponga a despotricar contra la máquina que, de hecho, le hace más fácil su trabajo, no voy a moralizar sobre el tema porque aunque sí sospechas, no tengo pruebas de que mis colegas estén sistemáticamente en contra de los cambios. Al menos no más de lo que están otros profesionales; y como tengo una irrefrenable tendencia a ceñirme invariablemente a los hechos no voy, decía, a hacer especulaciones.

Convengamos simplemente que al periodista no le gustan los cambios. Tiene su mundo perfectamente delimitado. Todas sus herramientas conocidas, agarrados al maquinazo como dice la Poniatowska y perfectamente ajustadas las coordenadas para ir a piñón fijo. No mal. Digo a piñón fijo. Y si ya te está yendo bien así, para qué cambiar.

Pero hete aquí que sí. Que hay que cambiar. Que de repente vienen unos chavalitos con las historias estas de internet, los blogs, twitter, facebook… Y al principio son un grupito que está ahí en un rincón de la redacción y que piden cosas muy raras. Como que les des información ipso facto, cuando a ti todavía te quedan varias horas para el cierre o hasta las 14.00 no entras en antena.

Al principio incluso te hacen gracia esos chavales porque los tuviste de becarios en tu sección. Pero luego te empiezan a inflar las pelotas porque las órdenes vienen de arriba: hay que hacerles caso, o sea, piensas que tienes que trabajar más o, simplemente, cambiar tu rutina. Y no siempre es una cuestión de pereza, que también, sino de pura xenofobia. Te toca las narices que tu paisaje cambie.

Y ahí empieza el lío, o parte de él. Porque no es que haya cambiado el paisaje. Es que o los marcianos han invadido la tierra o tú mismo ya estás en otro planeta. Y sin escafandra.

(Continuará)

Por qué escribo, por qué lees

Hace unos meses me encontré sin darme cuenta con una razón para escribir. Lo vi claro sentado en una mesa tomando un café con un chico de internet de pura cepa. Un desarrollador español de una empresa joven y puntera de éxito comprobado y que además no tenía ningún miedo en hablar de cómo veía el futuro.

Después de una reunión en la que un grupo de los nuestros le frió a preguntas y tratamos de comprobar si podíamos colaborar de alguna manera, nos quedamos los dos tomando ese café en el que relajados y sin prisas pudimos hablar de todo un poco.

Me encantó su manera de apasionarse por el trabajo sin parecer un friqui, por la confianza que mostraba hacia las nuevas tecnologías sin sentir una devoción ridícula y por su franqueza a la hora de encarar la realidad con humildad pero con empuje.

Yo le escuchaba con mucha atención, sobre todo para aprender, por eso me sorprendió cuando quiso saber de mis andanzas. Le conté de aquí y de allá y acabé diciendo una de esas frases medio hechas, medio prestadas que son en parte metáfora y en parte pedernal puro: «No, si podría escribir un libro sobre mis experiencias en el paso de los periodistas del medio tradicional al digital», a lo que mi compañero de café respondió: «Yo lo compraría desde luego».

Juro que fue sincero. O me lo pareció al menos. Y además yo me lo creí a pies juntillas y con eso basta. Ése día pensé que podría quizá tener algo que decir y que podría además interesar a alguien. Así que en parte por esa conversación y en parte por los acontecimientos de los últimos días estoy aquí ahora escribiendo de noche este post explicativo sobre algo de lo que nadie me ha pedido explicaciones. (¿O sí?).

En cuanto a por qué tú estás aquí, querido lector, permíteme decir que no tengo ni la más remota idea. Quizá tengas una curiosidad infinita por este mundo de internet, quizá te llame más la atención el de la prensa, siempre tan mediático (perdón por el chiste fácil), quizás seas un estudiante (huye) o un profesor (huye más), o quizás estés en este lío y quieras saber qué narices cuenta éste si no sabe de lo que habla…

En cualquiera de los casos, gracias por haber llegado hasta aquí.

Por mi parte prometo contar con honradez y el rigor que pueda lo que yo he vivido de este cambio tan paradigmático en los medios, lo que estoy viviendo y lo que me queda…

La nueva era

No hay mucho que pensar. Cuando uno vive días así parece que está llamado a hacer algo también. Como si del fondo de uno mismo sonara el timbre del fin del recreo. Un aviso que le pone a uno frente al trampolín mientras el cocodrilo da vueltas ahí abajo con su tic-tac simpático y terrorífico al mismo tiempo.

Porque lo del martes fue demasiado… porque si uno vive días así y se es como se es y se está donde se está, quedarse callado parece un escaqueo en toda regla. Como si el bombero se acordara justo al declararse el fuego que en realidad lo suyo es la jardinería.

Seamos serios. El martes presencié dos hechos históricos, yo soy periodista y esto es un blog… y con eso está dicho todo.